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París literario: la ruta de las musas
Cuando uno aterriza en París, capital de Francia, es como cuando uno se enfrenta a una página en blanco. Las posibilidades que se despliegan ante nosotros son inacabables. Así se inician las grandes y buenas historias.
Durante siglos, muchos aspirantes a novelista se han paseado por la Ciudad de la Luz (ville lumière) para encontrar la mecha que encienda su inspiración y haga que su creatividad estalle desenfrenadamente.
La historia de la literatura le debe mucho a la capital francesa. Y viceversa. París también se ha ido construyendo y matizando sus rincones a base de magníficas novelas, ensayos y cuentos.
A veces su paisaje no es tal como lo vemos, sino como nos lo cuentan los libros que la han descrito y los escritores que la han vivido.
Ya dijo uno de sus admiradores acérrimos, Ernest Hemingway: “si tienes la suerte de haber vivido en París de joven, luego París te acompañará, vayas adonde vayas, todo el resto de tu vida.”
París, el hogar de las musas literarias europeas
Dice el Premio Nobel Mario Vargas Llosa que "París era un requisito indispensable si uno quería convertirse en escritor (…) ”. Y es que La Ciudad de la Luz ha sido durante siglos el destino de quienes soñaban con llegar a ser maestros de la pluma o de aquellos que ya siéndolo, buscaban la inspiración en una ciudad sin prejuicios ni barreras creativas. Hemingway , F. Scott Fitzgerald, James Joyce, Bryce Echenique, Verlaine, el propio Vargas Llosa y un sinfín de escritores más, dejaron su impronta en jardines, librerías y cafés parisinos, legándonos un patrimonio único de recuerdos, pero sobre todo de lugares míticos que hoy recuperamos en un paseo por la capital francesa.
Le Café de la Place, en la plaza de Bellevue, es sinónimo de vida de café y charla
“Me gusta escribir en los cafés. En ese sentido París es un paraíso”- dice Vargas Llosa . Como él, muchos otros buscaron la inspiración en alguna mesa de las muchas cafeterías situadas en los barrios bohemios de la capital parisina. Pero no solo para escribir. Estos lugares se convertirían en el punto de encuentro de insignes figuras de las letras, el marco donde compartir y debatir entre el aroma del café y el pesado humo de cigarrillos baratos. Y aquí, en uno de ellos, se encuentra la autora de este artículo, probablemente en busca también de un poquito de la inspiración que dejaron a su paso figuras legendarias de la literatura y encantada, por cierto, de que ya no dejen fumar en ninguno de ellos.
En París uno pasea por la Avenida de los Campos Elíseos, desde la plaza de la Concordia hasta el Arco del Triunfo; visita la Catedral de Notre Dame y la Basílica del Sacré Coeur; explora Montmartre; va al Louvre y al Museo de Orsay, y, como no, hace un pícnic bajo la Torre Eiffel. Para saborear el verdadero París, sin embargo, hay que añadir a estos imprescindibles otras experiencias que aunque no tan famosas, igualmente merecen la pena: el París literario a través de barrios, librerías y hoteles míticos en la historia de un lugar que sirvió de refugio para sus obras a grandes como Scott Fitzgerald, Ezra Pound o Gertrude Stein. Quién pudiera viajar al pasado para presenciar tal escenario.
Émile Zola: "El vientre de París"
No hay duda de que una de las formas más estimulantes de conocer París -y de tantas otras ciudades- es a través de sus mercados. Es el lugar donde se sienten sus pulsaciones. Te sumergís en su cotidianidad, en sus costumbres, en la vida real.
En París hay unos 80 mercados. De antigüedades, comida, ropa, curiosidades…
Los más destacados son el mercado de las Pulgas, uno de los lugares más interesantes en cuanto a objetos antiguos se refiere.
El mercado Biologique Raspail es ideal si buscás comida ecológica, o el mercado de las Flores, ubicado entre Notre Dame y la Sainte Chapelle, recibe a aficionados a la botánica desde 1830.
Victor Hugo: "El jorobado de Notre Dame"
Hace algo más de dos años (abril de 2019), un incendio estuvo a punto de extinguir en pocas horas una colosal obra con más de 800 años: la catedral gótica de Notre Dame, símbolo de la ciudad, patrimonio de la humanidad y uno de los monumentos más queridos de la capital francesa.
Hoy parece que los planes son reabrirla en el 2024. Ha sobrevivido. Las llamas no pudieron aniquilar una de las creaciones más deslumbrantes del hombre a lo largo de su historia. Ni tampoco guerras, ni revoluciones, ni el odio; nada es más fuerte e indestructible que la belleza.
Mientras dura la espera hasta el 2024, nos queda la posibilidad de imaginar Notre Dame a través de los libros y las películas.
La novela de Nuestra Señora de París (conocida como El jorobado de Notre Dame) es un clásico del escritor francés Victor Hugo, una de las mayores odas a la arquitectura gótica y un homenaje de admiración absoluta a esta histórica y excepcional iglesia medieval parisina.
El autor de Los Miserables escribió la legendaria historia del jorobado Quasimodo, del cruel Frolo y la bella Esmeralda para salvar a Notre Dame del desprecio, el rechazo y el olvido de sus conciudadanos.
Hay que recordar que no convencía al principio. Por cierto, en la plaza des Vosges, la más antigua de París, en Le Marais, se puede visitar la casa de Victor Hugo (la entrada es gratuita), donde seguramente escribió esta novela.
Leivi Alexandra Cruz González.
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